viernes, 11 de marzo de 2011

Política antigua

1. ¿Cómo interpreta Hanna Arendt la aserción Aristotélica que habla del hombre como un animal político?

La interpretación arendtiana del zoon politikon aristotélico implica la diferenciación del hombre, en tanto que homo faber, frente a los otros animales y también frente a los dioses, es decir, apunta hacia una pregunta esencial de la política: qué es el hombre, si no es como el resto de las especies orgánicas, si tampoco es un dios; cabe mencionar que esta pregunta adquiere pertinencia para la política, ya que ésta tiene por objetivo crear una comunidad, fuera del ámbito doméstico, de hombres excelentes, lo que implica el pleno desarrollo de la humanidad de sus miembros. La vida humana es entendida como vita activa, que no es más que el compromiso de hacer algo en el mundo de los hombres, siendo estos creadores y habitantes anclados. Esto es que los hombres son causa eficiente del contexto de su acción, a la vez dicha acción está justificada o dirigida hacia el contexto creado, así la relación entre el sentido de la actividad y el producto de la misma es sumamente estrecha; además, los hombres no sólo crean, con la actividad, el mundo y actúan para él, sino que son parte integral del mundo creado como actores o agentes y como testigos de la actividad de los demás. Por lo anterior, no basta la capacidad creadora o la actividad de un solo hombre si no es dentro de un mundo de hombres, de ahí que la “acción”, en sentido laxo, absolutamente solitaria tal vez acercaría al individuo a la dimensión divina, pero lo expulsaría totalmente de la dimensión humana, y de hecho tales construcciones aisladas, fuera de la presencia de los demás, no serían acciones en términos duros. Entonces, tenemos que la acción es el rasgo distintivo y necesario para ser un hombre, y que ésta debe, por definición, darse dentro del conjunto de hombres. Por otro lado, Arendt interpreta el zoon politikon plenamente ligado al zoon logon ekhon, pues la acción tiene dos manifestaciones principales: la actividad y el discurso; ambas son únicamente posibles en el ámbito político, es decir, fuera de la estructura jerárquica de la vida familiar, por lo que resulta claro que el sentido original y auténtico de ambas expresiones aristotélicas comienza a desvanecerse y confundirse a partir de las traducciones e interpretaciones latinas de animal social y racional. Finalmente, la naturaleza humana del hombre radica en su capacidad de actuar y discursar ante una colectividad política.

2. Explica la diferencia esencial entre la esfera económica y el ámbito de lo político en el contexto de la cultura griega, según la exposición de Hanna Arendt.

La cultura griega hacía una clara distinción, basada en el tipo de actividades, los medios o requerimientos y las finalidades, entre la polis, ámbito político, y la familia, esfera doméstica, que empezó a confundirse, según señala Arendt, con las traducciones latinas y que en la modernidad ha sido opacada por el surgimiento de la esfera social que ostenta rasgos de una y otra esfera, sin ser necesaria ni libre plenamente sino más bien convencional; además, esta confusión trastoca otras nociones relacionadas como la de libertad, la de fuerza o la de violencia. De hecho, se ha dado una confusión tal, que el ámbito político es entendido como una transposición a mayor escala de la esfera económica haciendo del Estado una familia grande y del gobierno una figura patriarcal que monopoliza la fuerza y la violencia o bien una simple agrupación de familias; un caso concreto de la expansión de la esfera privada son los gremios, las cofradías e incluso las compañías que ponen al bien común, como condición o medio, al servicio de la vida privada individual. Tal confusión ha dado lugar a expresiones contradictorias, desde el punto de vista griego, como ‘economía política’, pues la definición de cada uno de los términos los hace mutuamente excluyentes. Es precisamente por tal desgaste semántico, que Arendt considera pertinente la exposición de los rasgos distintivos y contradictorios de ambas esferas. La distinción entre lo político y lo económica está basada en la clase de actividades que albergan, así, las actividades propias de la esfera económica son las de supervivencia, es decir, las destinadas a satisfacer las necesidades vitales: de alimentación individual asignada al varón y de supervivencia de la especie asignada a la mujer; mientras que las acciones propias del ámbito político están relacionadas con el mundo común de la acción. Cabe mencionar que la esfera económica, además de estar en oposición al ámbito político, era condición necesaria para la posibilidad de aparición del hombre en el ámbito político; así la familia y la polis eran entendidas como dos tipos de comunidades humanas distintas, admitiendo que el hombre individual no puede sobrevivir ni actuar en solitario, la familia es una comunidad natural forzada por la necesidad, mientras que la polis es una comunidad libre; además, en la esfera privada tiene lugar la fuerza y la violencia justificados como medios para dominar la necesidad, mientras que en el ámbito público la libertad posibilita la felicidad. La noción de libertad ilustra la separación entre familia y polis, en vista de que se define, en términos griegos, por oposición a la necesidad; así como, la posterior confusión de la esfera económica y el ámbito político, ya que, a partir de la Edad Media, la noción de libertad también se transfiguro como el límite de la autoridad “política” en la esfera social. Así, la noción de lo político, al ser ligada al ejercicio del gobierno como una mediación de la violencia y la fuerza propias e impuestas por la naturaleza y la necesidades, contraviene el sentido pre-político que los griegos daban a cualquier tipo de fuerza o violencia, en otras palabras, la fuerza y la violencia, en sentido antiguo pertenecían a la dimensión de la necesidad por lo que precedían a la esfera pública donde ya no tenían cabida, mientras que, ya desde el siglo XVII, ambas nociones, tanto la de fuerza como la de violencia, pierden el carácter necesario para hacerse convencionales y sociales. Respecto a las relaciones entre los hombres, la diferencia entre ambas esferas es marcada, pues en la familia los hombres se relacionan de forma desigual dentro de una estructura patriarcal claramente jerárquica, mientras que en la polis, la relación entre los hombres era de igualdad, pues todos eran libres al satisfacer la necesidad dentro de la familia y superar así las relaciones desiguales de dominio que se dan dentro de la esfera doméstica. Un caso paradigmático de lo anterior, es la preferencia, por parte de los hombres pobres, de la vida laboriosa e insegura del hombre libre a la vida segura y cómoda del esclavo doméstico, de ahí que se considerara al hombre lejos de la libertad cuando estaba enfermo, era pobre o era esclavo. Sin embargo, no bastaba con el desprendimiento de la familia y la posesión de riqueza y salud; la libertad propia de la esfera pública no sólo implicaba la satisfacción de las necesidades vitales, sino que llevaba consigo asumir el riesgo de perder la vida, por lo que una virtud política fundamental era el valor que a su vez posibilita, en términos maquiavélicos, las grandes acciones. Así, tenemos que, para vivir y conservar la vida, el hombre realiza actividades junto con los miembros de la comunidad natural familiar, mientras que para trascender la vida y no sólo vivir sino vivir bien, el hombre debe liberarse de la necesidad, estar dispuesto, de forma valiente, a arriesgar la vida y actuar en la comunidad política. Cabe aclarar que la buena vida de la acción se distingue plenamente por su objetividad del bienestar subjetivo del simple vivir, aun con comodidades.

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