Descartes, en la tercera meditación, demuestra la existencia de Dios, asumiendo la naturaleza pensante del ser humano y emprendiendo la búsqueda del fundamento de certeza en medio de la contingencia del mundo.
Para ello hace una taxonomía de las ideas:
• Innatas
• Creadas por el exterior
• Creadas por el interior
En sentido general, señala la no correspondencia entre las ideas y los objetos, dicha observación justifica su búsqueda de la certeza. Dicha noción se relaciona con el grado de realidad objetiva de las ideas que pueda tener el ser humano.
Así llega a preguntarse cuál es la causa de las ideas, ya sean referentes a sustancias o a accidentes, y cuál es la proporción entre la realidad objetiva de la idea con respecto a su causa. Así como el grado de realidad objetiva entre unas ideas y otras.
A lo cual responde que la realidad objetiva de la causa de la idea es el límite máximo de la realidad objetiva de la idea que sea su efecto. Considerando el supuesto de que ninguna idea pudo ser causada por la nada y que “la idea por la cual concibo un Dios soberano, eterno, infinito, inmutable, omnisciente, omnipotente y creador universal de las cosas que están fuera de él, esa idea, repito, tiene más realidad objetiva que las que me presentan sustancias finitas” (p.66), esta idea de la perfección no pudo haber sido causada en el interior del ser humano dada su naturaleza limitada ni tampoco puede encontrar su causa en el exterior pues los sentidos nos engañan dad la contingencia del mundo. Así es como prueba que en vista de la evidencia de la idea de perfección, Dios existe pues es la única causa razonable para dicha idea.
En la quinta meditación, Descartes retoma la búsqueda de un fundamento de certeza para el conocimiento del hombre, y aun se pregunta si dicha certeza es posible.
Así que primero, medita nuevamente sobre la posibilidad de que Dios exista, y ahora argumenta este postulado desde la idea de perfección, pues ella engloba todas las propiedades, incluyendo, claro está, la existencia; con lo cual cumple la siguiente condición de certeza: “´solo las cosas que conozco clara y distintamente tienen fuerza para persuadirme por completo”(p. 79), es decir la condición que cumple un conocimiento indudable. Por lo que en Dios confluye esencia y existencia. Y “siendo la verdad lo mismo que el ser, es evidente que todo lo verdadero es alguna cosa”, concluye finalmente que “la certeza y la verdad de la ciencia depende del conocimiento del verdadero Dios, de suerte que antes de conocerle, yo no podía saber perfectamente ninguna cosa”(p.80)
Bibliografía
Descartes, Rene Discurso del método, meditaciones metafísicas, Reglas para la dirección del espíritu y principios de filosofía. Editorial Porrua, México, 1972.
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