domingo, 19 de septiembre de 2010

Sobre lenguas y naciones

El perfeccionamiento lingüístico como parte del ideal de desarrollo del espíritu en las naciones. Unificación o Diversidad: Herder y Humboldt

Parte importante de la filosofía de la historia del siglo XIX se caracteriza por el énfasis en el progreso como idea reguladora del devenir histórico, por lo que éste tendría una meta última y necesaria que alcanzar, sobre todo en términos éticos, como por ejemplo el problema entre libertad y seguridad. Esta concepción histórica pretendía dar poder predictivo a la “ciencia histórica”, y además explicaba los hechos pasados como parte de una línea recta ineludible que conducía a un presente también ineludible, necesario y óptimo. Subyacente a esto, la historia era un mecanismo de justificación del estado político, social y económico de una nación.
Aunque, el lenguaje como sistema simbólico parecería estar obviado de los problemas históricos, y estar contenido en la filosofía del lenguaje; tiene un papel importante en la historia de la humanidad, en tanto que es definido como la expresión del desarrollo racional de la especie. Ahora bien, dada la relación lenguaje-pensamiento y la idea de progreso entendida como el desarrollo del espíritu en términos racionales , el lenguaje es el reflejo de la razón colectiva, al tiempo que es vehículo de la evolución de las ideas, por lo que su perfeccionamiento está estrechamente ligado con el progreso de las naciones.
Esta relación es compleja para ser determinada en términos causales, pues es, dicho coloquialmente, un dilema de qué fue primero, si el huevo o la gallina. Además de que así como el progreso de las naciones tiene distintas vertientes como el desarrollo tecnológico , diplomático y ético; el perfeccionamiento lingüístico tiene distintos indicadores, ya sean lingüísticos o extralingüísticos, como la morfología y sintaxis de la lengua, o su efectividad comunicativa o de abstracción.
En este ensayo se abordará el carácter colectivo del progreso, a la luz de la relación entre la razón y el lenguaje, así como las ideas sobre la historia del lenguaje respecto a su origen y perfeccionamiento último, además de los indicadores de ese progreso lingüístico, de acuerdo a textos de Herder y Humboldt donde se aborda la historia del lenguaje humano y su perfeccionamiento necesario o potestativo. Estos autores tienen ideas bastante compatibles salvo por su postura respecto a la diversidad lingüística y el progreso de la especie.
La especie humana comparte características universales, entre ellas la razón, que ha de desarrollarse a plenitud no en el individuo sino en la especie, y “si la razón no es una facultad dividida, de acción individual, sino una orientación peculiar de la especie y propia de todas las facultades, el hombre tiene que poseerla desde el primer estado en que es hombre” y si el lenguaje es la faceta exterior de la razón de acuerdo con Herder, se esperaría que el lenguaje también compartiera este carácter unitario y discreto.
Pero el instinto de los hombres se halla menos sujeto que el de los animales y deja espacio a la influencia de la individualidad. De ahí que la obra producida por el instinto de la razón pueda florecer en una perfección mayor o menor, mientras que el producto del instinto animal conserva una uniformidad más persistente; y no es contradictorio con el concepto de lengua el que algunas, en el estado en que aparecen, sean realmente incapaces de un perfeccionamiento formativo acabado.
Así, entonces, el perfeccionamiento lingüístico es débil en tanto que es una disposición racional y no animal. Ello permite compaginar esta idea con la variedad lingüística, ya que “el hombre es una criatura de rebaño, de sociedad [y] el desarrollo de una lengua, le es, pues, natural, esencial, necesario”. Pero “en la misma medida en que no podía seguir siendo un rebaño la especie humana entera, tampoco podía conservar una única lengua. Era, pues, necesario que se formaran lenguas nacionales”.
Entonces el instinto racional del lenguaje tiene como dimensión a la especie, mientras las lenguas, que son realizaciones de ese instinto, se desarrollan a nivel nación. Esto excluye a la individualidad como dimensión de progreso lingüístico, puesto que “la lengua no es un producto libre del hombre singular, sino que pertenece siempre a la totalidad de la nación”.
Resulta curioso que la debilidad racional respecto a la fortaleza animal sea precisamente una línea, la más importante, del perfeccionamiento lingüístico que considera originario y primitivo el lenguaje cercano a los animales, y está en función del abandono de ese lenguaje cargado de sensibilidad.
“Pero observad la cantidad de restos de tales sonidos recogidos en las mencionadas lenguas [antiguas o primitivas], en sus interjecciones, en las raíces de sus nombres y de sus verbos. Las lenguas orientales más antiguas abundan en exclamaciones para las que nosotros, pueblos de formación más tardía, no solemos tener más que lagunas o un torpe e insípido equívoco”
Por lo que a la par de un lenguaje menos animal está el desarrollo de la razón, y ambos se muestran “cuando la lengua ha avanzado algunos pasos, cuando ya existen en ella ciertos ejemplos de arte, […] el alma ciega y muda en su interior, tenía que darse este signo en la medida en que poseía razón”. Ya que sólo la razón puede abstraer al hombre de su condición animal. “En rigor, ese lenguaje natural es un lenguaje propio de cada especie y por eso posee el hombre también el suyo”. El lenguaje humano es, entonces, una restricción de las posibilidades naturales, ejemplo de ello es la fonética del lenguaje, pues todo sonido lingüístico es natural, pero no todo sonido natural es lingüístico.
Esto presupone, y de hecho asume, que el origen del lenguaje no es divino, sino de origen animal, por lo que cambia el foco de la historia del lenguaje de la empresa por encontrar el origen divino que luego se degrado, al estudio del desarrollo lineal de un lenguaje primitivo a un lenguaje perfecto, es decir la historia que antes buscaba regresar al pasado prístino, ahora apunta hacia el futuro perfecto, al menos en términos lingüísticos. Ambas visiones de la historia del lenguaje quitan temporalidad a las lenguas que se mantienen en el tiempo por siglos con pequeños cambios, y vuelven a los hablantes del presente unos inacabados y con poca o nula competencia, ya sea en su lengua originaria y prístina o en su futura lengua perfecta.
Esta objeción fue advertida por Humboldt, pues no “es lícito, sin embargo, imaginar la lengua como algo dado de manera acabada; si así fuera tampoco cabría concebir cómo el ser humano podría comprender la lengua dada y servirse de ella […] al lenguaje podemos llamarlo un instinto natural de la razón”. Mientras Herder borda sobre el origen del lenguaje entendido como la separación del hombre de su estado animal, Humboldt asume esa separación como la figura básica del lenguaje humano y desarrolla el afinamiento de esa figura.
Ese progreso, más específico, de una lengua es potestativo y está sujeto a la contingencia de sus condiciones, teniendo como punto base obligado la figura ya adquirida y los mecanismos con que ésta cuenta, que son suficientes, aunque no lo parezca en primer instancia.
“Sólo mediante la derivación en las ramificaciones más finas de los conceptos, sólo mediante la combinación de las palabras, sólo mediante su enlace ingenioso, sólo mediante el uso imaginativo de sus significados originarios, sólo mediante la separación, sentida correctamente, de ciertas formas para ciertos casos, sólo mediante la eliminación de lo superfluo, sólo mediante el pulimento de los sonidos ásperos: sólo mediante todas esas cosas van emergiendo en la lengua, pobre, torpe e inaparente en el instante en que adquirió su figura, y eso si le sonríe el favor del destino, un mundo nuevo de conceptos y un brillo de la elocuencia antes desconocido.”
Ese salto cualitativo va de la mano del progreso del espíritu, en Humboldt, la lengua tiene una figura originaria, que no importando los límites formales puede albergar el progreso de las ideas del espíritu, la lengua es, entonces, un resultado espiritual y un medio neutro y maleable que con los recursos (morfológicos, sintácticos, etc.) que refleja el progreso del espíritu. De hecho, es el devenir de las naciones, el que condiciona al lenguaje.
“Es difícil que el perfeccionamiento formativo, que otorga mayor finura a la lengua, haya sido asociado en seguida al primer devenir de ésta. Tal perfeccionamiento presupone las circunstancias que las naciones sólo atraviesan en una larga serie de años, y lo habitual es que las acciones de una lengua se entrecrucen con las acciones de otras”
Por lo que hay una postura más tolerante hacia la diversidad lingüística y hacia el contacto lingüístico, abandonando un poco el purismo. Aunque no niega la jerarquía entre lenguas salvajes y civilizadas, declara que toda lengua da al espíritu la condición lingüística necesaria para su desarrollo.
“La experiencia que yo he tenido hasta ahora me ha probado que también los denominados dialectos toscos y bárbaros poseen ya todo aquello que se requiere para su uso completo y que son formas en cuyo molde podría verterse con el paso del tiempo, igual que lo han experimentado los dialectos mejores y más excelentes, la totalidad del ánimo, para acuñar así en ellas de manera más o menos perfecta todas las especies de ideas”
Esto entra en conflicto con el ideal de lengua presentado por Herder, donde las lenguas primitivas son incapaces de servir al espíritu, dada su cercanía con la sensibilidad.
I. Cuanto más antiguas y originarias son las lenguas, tanto más se observa en sus raíces esa analogía con los sentidos […]
II. Cuanto más antiguas y originarias son las lenguas, tanto más se entrecruzan también los sentimientos en la raíz de sus palabras [...]
III. Cuanto más originaria es una lengua, cuanto más a menudo se entrecruzan en ella tales sentimientos, tanto menos pueden éstos subordinarse unos a otros de forma rigurosa y lógica. La lengua abunda en sinónimos: con toda su esencial indigencia posee la máxima e innecesaria abundancia […]
IV. En la misma medida en que el alma humana no puede recordar las abstracciones del reino de los espíritus sin haberlas obtenido a través de motivación y estímulo de los sentidos, tampoco hay ninguna lengua con nombres abstractos a los que no haya llegado a través del sonido y el sentimiento. Cuando más originaria es una lengua, tanto menos abstracciones, tanto más sentir […]
V. Dado que cada gramática es una simple filosofía sobre el lenguaje y un método de uso, cuanto más originaria sea la lengua, tanto menos gramática existirá en ella, y la lengua más antigua será sólo el antes señalado diccionario de la naturaleza.
Mientras Herder considera que unas lenguas son más cercanas a la sensibilidad y por lo tanto más alejadas de la razón: están incompletas, para Humboldt “la lengua tampoco puede surgir de otro modo que de una sola vez, o, para expresarme con mayor exactitud, es preciso que en cada instante de su existencia posea lo que hace de ella una totalidad”. De ahí que el afinamiento de la lengua se lleve a cabo sólo al interior de la lengua cuya estructura fue fijada en el primer instante de su existencia. Y podríamos decir que es indiferente a la conciencia que tengan los hablantes de la estructura de la lengua para poder usarla.
Frente a esto último, en (V), Herder identifica la reflexión sobre la estructura y uso del lenguaje (filosofía del lenguaje y método de uso) con la propia estructura y uso, con lo que hace una reducción de la lenguas sin gramática descrita a un cúmulo de palabras, que de ser descritas, no se obtendría más que un diccionario natural de conceptos primitivos, es decir, por no tener una explicitación de la estructura lingüística, se niega que tengan estructura y no se contempla que la estructura se evidencia en la práctica y uso de la lengua en cuestión. Identifica la reflexión del objeto con el uso del objeto, pues si bien toda reflexión requiere de un objeto en uso, no todo uso de un objeto requiere reflexión. Y tal vez identifica la reflexión con toda actividad mental, cuando es un elemento del conjunto.
Esto implica un ideal de lengua única, unívoco y terriblemente simplificada en pos de un ideal “universal” que niega toda diversidad de léxico y de lenguas, en tanto que estorban al desarrollo del espíritu.
Humboldt tiene una concepción más matizada acerca de la diversidad lingüística, aunque no deja de hacer énfasis en el carácter potestativo del desarrollo lingüístico donde la idea de progreso tiene un sentido finalista estático, se considera que una vez alcanzada la forma de lengua (figura) está ya no cambiará necesariamente, aun si no alcanza una figura ideal: “Una vez que una lengua ha adquirido su figura propia, las formas gramaticales esenciales no cambian,” los mecanismos formales tanto al interior de la palabra como en la oración o el discurso quedan establecidos, y “la lengua que no ha distinguido los géneros, los casos, el tiempo pasivo o medio, no subsana ya tales lagunas; tampoco se incrementan ya las grandes familias de las palabras, las formas principales de la derivación.”
Sin embargo, para Humboldt la lengua perfecta no tiene que abstraerse totalmente de la sensibilidad como condición necesaria para el progreso histórico de las naciones y de la especie humana. Su concepción del lenguaje es más integral.
“La diversidad de las lenguas se presenta, empero, en una doble figura: por un lado, como fenómeno de la historia natural, como consecuencia inevitable de la diversidad y separación de los pueblos, como obstáculo a la unión inmediata del género humano; por otro lado, como fenómeno de la teleología del entendimiento, como medio de formación de las naciones, como instrumento de una multiplicidad más rica y de una peculiaridad más grande de los productos intelectuales, como artífice de una unión de la parte culta del género humano, unión que está basada en el sentimiento recíproco de la individualidad y que por ello mismo es más íntima”
Consideraciones finales
Para hablar de progreso hay puntos de referencia, uno de partida y otro de llegada. Herder enfatiza el primero con cierto dejo de autoexilio, y Humboldt, el segundo en términos más abiertos a la diversidad, al menos en sentido instrumental respecto al espíritu. Sin embargo, ambos jerarquizan las lenguas en función de su contribución al espíritu.
La jerarquización de lenguas, incide en la monopolización del discurso histórico por el grupo dominante, pues a partir de que unas lenguas son más evolucionadas que otras, inválida cualquier discurso histórico a partir de la forma en que se expresa. Se niega la posibilidad de expresión a partir del medio usado con lo que ni siquiera se escucha el mensaje. Y se obliga a un diálogo dispar entre naciones.


Bibliografía
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Herder, Johann Gottfried “Ensayo sobre el origen del lenguaje”, Obra selecta, Madrid, Alfaguara, 1982.
Humboldt, Wilhelm, “Sobre el estudio comparado de las lenguas en relación con las diversas épocas de su evolución”, Escritos sobre el lenguaje, Barcelona, Península, 1991.
Kant, Immanuel, “Idea para una historia universal en sentido cosmopolita” en Filosofía de la historia, México, FCE, 1979.

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