El furor divino o manía se divide en cuatro clases: erótica, poética, profética y mistérica. En el Fedro, Platón hace mayor énfasis en la manía erótica, sin dejar de exponer las otras tres manías. Ficino retoma y da realce al furor poético.
Una vez que occidente se interesa y recupera el legado platónico, “Ficino no se limitó a ser un excelente traductor” , pues además escribió sobre estos textos que “constituyen obras personales, suficientemente diferenciadas de los textos originales” . De esta diferencia se genera la aportación de Ficino, ésta es la concepción del furor divino, como la iluminación y atracción del alma humana y del alma del mundo por Dios, lo que origina visiones extáticas y profecías. El punto clave es la diferencia entre los poemas que recogen este furor divino y aquéllos que sólo son un producto técnico, es decir, el furor divino y la voluntad (o la razón) humana parecen oponerse.
El artista que dibuja Ficino, según el estudio introductorio de Araza, se materializa en el manierista francés, aquel “artista melancólico que busca salvarse gracias al poder de su imaginación iluminada interiormente por Dios…que no tiene que responder de sus creaciones ni necesita recurrir a reglas conocidas para la práctica del arte” . En tanto las ideas alimentan el espíritu del hombre y le permiten recuperar las alas pérdidas. Ficino sostiene que el filósofo es el único que puede acceder a sus alas de nuevo, mediante el furor divino que no es otra cosa que la separación cuerpo- espíritu, purificándose así el espíritu, con lo que se obtiene la contemplación de las ideas.
La belleza es la única idea cuyo resplandor llega a este mundo, así los hombres al ver u oír las cosas bellas del mundo recuerdan aquella verdadera belleza, que alguna vez contemplada antes de haber caído en el cuerpo, y desea, entonces, la belleza y sus expresiones terrenas. De esto Ficino divide en dos el deseo por la belleza, por un lado, un deseo de volver a contemplar de nuevo la belleza divina; y por otro lado un deseo por la semejanza en la naturaleza, que es irracional y desmesurado en su búsqueda del placer de los sentidos cuyo objeto es la forma del cuerpo.
Así mismo divide en dos las imitaciones terrenas de la armonía divina, esto es poesía noble y música ligera. El furor poético es producido por las musas, y el poeta trata de imitar los cantos de las musas con modos y ritmos poéticos. Sin embargo, advierte Ficino enfáticamente que “recuerdes que lo que escribes no procede de ti, sino de Júpiter y las Musas, ene la medida en que estés lleno del espíritu y la divinidad” , de aquí la caracterización del poeta como un poseído más que como un autor conocedor de reglas.
Para Ficino, el furor divino es directamente producido por la verdad de la belleza o por su semejanza en la tierra.
En el segundo discurso del Fedro, la manía es un don divino, por lo que no es vergonzoso, aunque el arrebatado sea visto como perturbado, en tanto que se aparta de este mundo , pues “contempla la belleza de este mundo, recordando la verdadera, le salen alas y, así alado, le entran deseos de alzar el vuelo, y no lográndolo, mira hacia arriba como si fuera un pagano, olvidado de las de aquí abajo, dando ocasión a que se le tenga por loco ” ; cuando de hecho trae grandes bienes. Ficino jerarquiza los deseos por la belleza y por su reflejo en el mundo, aunque esto no es tan claro en Platón, si diferencia entre la reacción del iniciado frente a la reacción del corrompido ante la semejanza de la belleza . Aunque ambos se refieren al cuerpo como una prisión.
También aquí se observa la oposición entre razón y manía, privilegiándose esta última que “tanto más bellos es, según el testimonio de los antiguos, la manía que la sensatez, pues una nos la envían los dioses, y otra es cosa de los hombres” , así mismo las obras producidas durante un arrebato maniático “se han hecho a manos de los dioses” ; dicha concepción de la autoría de la obra del humano arrebatado es retomada por Ficino.
Ficino, Marsilio. Sobre el furor divino y otros textos. Barcelona: Anthropos, 1993, p. XXIII.
Id.
Ibid., p., XXX-XXXI.
Ibid., p. 29
Platón. Diálogos: Fedón, Banquete, Fedro. Madrid: Gredos: 2008, 249d.
Ibid., 250e-251a.
Ibid., 244d.
Ibid., 245b.
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