En la analítica de lo bello , Kant delimita el ámbito del Juicio, en tanto facultad de conocer que permite “pensar lo particular como contenido en lo universal” , al sentimiento de placer y dolor, el cual está entre la facultad de conocer y la facultad de desear . De ahí, que los juicios estéticos no generan conocimiento del objeto, como los juicios del entendimiento, pues son representaciones subjetivas y “lo subjetivo, empero, en una representación, lo que no puede de ningún modo llegar a ser un elemento de conocimiento, es el placer o el dolor que con ella va unido, pues por medio de él no conozco nada del objeto de la representación, aunque él pueda ser el efecto de algún conocimiento.” Aunque de hecho posibilitan el conocimiento de los objetos, en tanto que la finalidad “que precede al conocimiento de un objeto, y que, sin querer usar la representación del mismo para un conocimiento , hasta va, sin embargo, unida inmediatamente con ella, es lo subjetivo del mismo, lo cual no puede llegar a ser elemento alguno de conocimiento” , además de que en el juicio estético se da el libre juego de facultades, que también intervienen en la generación de conocimiento.
En el primer momento, se presenta una taxonomía de representaciones del sentimiento de placer y dolor, para definir, por contraste con lo bueno y lo agradable, qué es lo bello. “Lo agradable, lo bello, lo bueno, indican tres relaciones diferentes de las representaciones con el sentimiento de placer y dolor, con referencia al cual nosotros distinguimos unos de otros los objetos o modos de representación” . Lo agradable se basa una satisfacción de tipo biológica, mientras lo bueno da una satisfacción de tipo moral; así lo bello no está atado a ninguno de esos extremos y es libre. “Puede decirse que, entre todos estos tres modos de la satisfacción, la del gusto en lo bello es la única satisfacción desinteresada y libre, pues no hay interés alguno, ni el de los sentidos ni el de la razón, que arranque el aplauso”. Puesto que, “agradable llamamos a lo que deleita; bello, a lo que sólo place; bueno, a lo que es apreciado, aprobado, es decir, cuyo valor objetivo es asentado”. Por lo tanto, lo bello es incondicionado e indeterminado, y entonces libre.
Sin embargo, en tanto subjetivo e indeterminado, es decir, carente de concepto que lo determine, pues Kant postula que “Bello es lo que, sin concepto, es representado como objeto de una satisfacción universal” ¿cómo puede hablarse de la universalidad de lo bello?
Pues, si bien es cierto que en el juicio estético, “no se puede hacer regla objetiva alguna del gusto que determine, por medio de conceptos. Lo que sea bello, pues todo juicio emanado de aquella fuente es estético, es decir, que su fundamento de determinación es el sentimiento del sujeto y no un concepto del objeto” , esto no impide buscar la universalidad de lo bello, aunque ya no por medio de conceptos que determinen objetos; así “este juicio, meramente subjetivo (estético), del objeto de la representación que lo da, precede, pues, al placer en el mismo y es la base de ese placer en la armonía de las facultades de conocer; pero en aquella universalidad de las condiciones subjetivas del juicio de los objetos fúndase sólo esa validez universal subjetiva de la satisfacción que unimos con la representación del objeto llamado por nosotros bello”
Será precisamente la carencia de concepto, entonces, lo que permita llegar a justificar la universalidad de lo bello. Ya que “las facultades de conocer, puestas en juego mediante esa representación, están aquí en un libre juego, porque ningún concepto determinado las restringe a una regla particular de conocimiento”. La imaginación, el entendimiento y la sensibilidad, que en la filosofía de la naturaleza y en la filosofía de la moral tienen una relación sumamente restringida y delimitada, en vista de que, “ una representación mediante la cual un objeto es dado, para que de ahí salga un conocimiento en general, requiere de la imaginación, para combinar lo diverso de la intuición, y el entendimiento, para la unidad del concepto que une las representaciones”; en el arte, pueden moverse e interactuar con absoluta libertad.
“La universal comunicabilidad subjetiva del modo de representación en un juicio de gusto, debiendo realizarse sin presuponer un concepto, no puede ser otra cosa más que el estado de espíritu en el libre juego de la imaginación y del entendimiento (en cuanto éstos concuerdan recíprocamente, como ello es necesario para un conocimiento en general), teniendo nosotros consciencia de que esa relación subjetiva, propia de todo conocimiento, debe tener igual valor para cada hombre, y, consiguientemente, ser universalmente comunicable, como lo es todo conocimiento determinado, que descansa siempre en aquella relación como condición subjetiva”.
Y está aquí precisamente, la aportación de lo bello a la noción de sujeto, pues en él puede darse ese libre juego de facultades que le permiten conocer y que en su realización más pura le permiten crear arte y apreciarlo para lo cual se requiere de “ideas puras de la razón , y con ellas unidas, gran fuerza de imaginación den el que las juzga, y mucho más aun en el que las quiere exponer”. Así, tanto el espectador como el artista ponen en juego todas sus facultades e imaginan sin límites.
Immanuel Kant, Crítica del juicio, Manuel García Morente (Trad), Tecnos, Madrid, 2007
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