domingo, 19 de septiembre de 2010

Mente y Cuerpo: ¿binomio o dicotomía?

Dicen que decían los antiguos que sus ancestros dijeron que los humanos somos espíritus que caímos en nuestros cuerpos por accidente o desventura. Efectivamente, somos espíritus en cuerpos, pero también cuerpos con espíritu. Somos una afortunada mezcla mente-cuerpo, cuyos componentes lejos de ser mutuamente excluyente, son complementarios. Y como dijeron los clásicos, lo que nos hace seres humanos es nuestra naturaleza intermedia, que nos sitúa entre las bestias y los dioses.

En el Amor sacro y amor profano de Tiziano, se representa al primero tan puro como un cuerpo desnudo; y al segundo tan manierista como las convenciones sociales de la vestimenta; y tal pareciera que uno es verdadero y otro es falso, o uno puro y otro corrompido, o bien que ambos son puros y no pueden mezclarse.
Esto es una mera abstracción analítica, pues el absoluto espiritual y el absoluto carnal no se realizan en personas separadas, sino que se mezclan, en distintas proporciones, en cada persona. En nuestro mundo, las personas no son blanco o negro (aunque tal vez existan algunas grises), sino que las personas, en tanto humanas, son de colores.
Cada persona es un cuerpo y es un espíritu al mismo tiempo. La sensualidad no excluye la espiritualidad o la intelectualidad, ni éstas a la sensualidad. Es, esta afortunada conjunción, lo que nos dota de humanidad.

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