domingo, 19 de septiembre de 2010

VÍNCULO ENTRE MAGIA Y CIENCIA

La magia y la ciencia, aunque desde nuestro momento histórico parecen irreconciliables y excluyentes, son dos modos distintos de un mismo anhelo propio de los seres humanos; me refiero al deseo de adecuar el mundo a sus necesidades y deseos. Para lo cual, el ser humano hace pero para hacer debe conocer, así es como se crea el vínculo hacer/conocer o como dice el autor studium/virtum. Hay que mencionar, además, que la magia y la ciencia confluyeron en las mismas disciplinas y los mismos personajes; dicha convergencia se rompería ante la búsqueda de la adecuación explicativa.

Para el ser humano, la creación es una capacidad y necesidad, pues aun siendo un ente natural transforma su entorno y crea un segundo entorno; esta “posibilidad formadora de un mundo nuevo” (p.9) es, entonces, la realización de sí mismo y la génesis de la cultura, que implica el uso del lenguaje y el fuego.

El fuego es el prototipo de la relación que el ser humano, el animal más vulnerable, ha establecido con la naturaleza; ya que no sólo lo conoce, sino que lo conoce tanto que ha aprendido a dominarlo y utilizarlo como un medio para su actividad transformadora. Esto muestra, además, que el conocimiento no es ocioso ni abstracto (en el sentido de estar alejado del mundo, de la vida del hombre), sino que el conocimiento debe aterrizar en la práctica.

Lo anterior se traduce en el principio del pensamiento moderno, que el autor ha enunciado de la siguiente manera: “El fin del hombre, aquello que da sentido a su vida, no es dejar cuanto antes este valle de dolor para vivir la eternidad. Lo que le otorga sentido es, en este lapso fugaz, darle una mera figura al mundo que lo rodea, creando otro, hecho a su semejanza” (p. 40). Es decir, que la racionalidad del hombre se ha de imponer en la naturaleza, y no sólo eso, sino que la racionalidad se supone en la naturaleza.

En ese tiempo, ambas, ciencia y magia “respondía a un intento de la razón por comprender las leyes que regían la naturaleza y poder actuar sobre ella.” (p.75); cabe destacar el sentido utilitario de la razón y del conocimiento, tanto mágico como científico.

El cisma epistémico se dio en vista de que “la racionalidad instrumental supone una racionalidad explicativa previa” (p.78), cuya realización a través de la magia se vio truncada porque “[la magia] intenta descubrir las leyes explicativas al nivel de la sensación y no de la pura razón” (p.78). Esto nos lleva ante dos polos, en un extremo los analíticos que conciben a la observación como mera comprobación de las verdades formales; y en el otro extremo los empiristas que hacen “juicios subjetivos y relativos” (p.80).

Así la concepción moderna de la ciencia asume la tarea de postular enunciados que “tengan un contenido empírico, no puramente formal y que, a la vez, puedan derivarse de enunciados formales y necesarios” (p.80); esto lo hace bajo el supuesto de “racionalidad necesaria de la naturaleza” (p.81), pues sólo con esta condición podrán empatarse las observaciones empíricas con los principios matemáticos de carácter apriorístico.

Villoro, Luis El pensamiento moderno: Filosofía del Renacimiento FCE México: 1992 Cap. 3, 7.

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